Revista La Fuente

Nº 15 - Discapacidad

   

DISCAPACIDAD Y ENFERMEDAD MENTAL:

REHABILITACIÓN Y PREVENCIÓN

 

Francisco Rettaroli

 

En todas partes del mundo y en los distintos niveles de cada sociedad hay personas con discapacidad.

El total de personas con discapacidad en el mundo, es grande y va en aumento. Tanto causas como consecuencias de la discapacidad varían en todo el mundo. Esas variaciones resultan de distintas circunstancias socioeconómicas y disposiciones que los pueblos adoptan en favor del bienestar de sus ciudadanos.

Las políticas actuales en materia de discapacidad en muchos aspectos reflejan las condiciones de vida y las políticas sociales y económicas seguidas a través de la historia.

Podemos encontrar muchas circunstancias concretas que han influido en las condiciones de vida de quienes las padecen: como la ignorancia, el abandono, la superstición y el miedo, los cuales son factores sociales que a lo largo de toda la historia han aislado a las personas con discapacidades y han retrasado su desarrollo.

Con el tiempo, las políticas en materia de discapacidades pasaron de los cuidados elementales brindados en las instituciones de tipo medieval a la educación de los niños con discapacidad y a la rehabilitación de las personas que sufrieron de discapacidad durante su vida adulta.

Gracias a la educación y a la rehabilitación, estas personas han logrado ser más activas y se han convertido en fuerza motriz en la promoción de la política en materia de discapacidad. Así se crearon organizaciones de personas con discapacidad, integradas también por sus familiares y defensores que han tratado de lograr mejores condiciones de vida para ellos.

A fines de 1960 las organizaciones de personas con discapacidad que funcionaban en algunos países empezaron a formular un nuevo concepto de la discapacidad, en él se reflejaba la relación entre las limitaciones que experimentaban esas personas, el diseño y la estructura de su entorno y las actitudes de la sociedad.

Para el Departamento de Coordinación de Políticas y de Desarrollo Sostenible dependiente de las Naciones Unidas, el concepto de discapacidad resume un gran número de diferentes limitaciones funcionales. Esta puede revestir la forma de una diferencia física, intelectual o sensorial, una dolencia que requiera atención médica o una enfermedad mental. Tales diferencias descriptas pueden ser permanentes o transitorias.

Aquí es importante destacar que se incluyen como discapacidades a las enfermedades mentales, este concepto nos permite abordarlas desde una perspectiva con menor carga de prejuicios y preconceptos (por ejemplo que al “loco” no se lo llama “discapacitado”) y tomarlas como una causa más para la existencia de discapacidades.

Otro punto importante que muestra este concepto, es la diferenciación con la minusvalía, la cual es tomada como la pérdida o limitación de oportunidades de participar en la vida de la comunidad, en condiciones de igualdad con los demás.

La palabra minusvalía describe la situación de la persona con discapacidad en función de su entorno; tiene por finalidad centrar el interés en las deficiencias del diseño del entorno físico y de muchas actividades organizadas de la sociedad. Esto es un aporte a las medidas que se deben comenzar a realizar para adaptar en lo posible el entorno social a las discapacidades que presenten los enfermos mentales.

La rehabilitación puede abarcar medidas para proporcionar o restablecer funciones o para compensar la pérdida o la falta de una función o una limitación funcional. Este proceso no supone la prestación de atención médica preliminar, abarca una amplia variedad de medidas y actividades desde la rehabilitación más básica hasta actividades de orientación específica (por ej. Rehabilitación profesional o laboral).

A través de la prevención terciaria se busca menguar, los trastornos en el funcionamiento que ha producido la enfermedad mental dentro de la comunidad, por lo que debe tener en sus miras a los niveles inferiores de prevención, tanto primaria como secundaria.

Para G. Caplan la prevención terciaria de las enfermedades mentales se debe ejecutar en el ámbito comunitario, mientras que la rehabilitación se centra en los aspectos individuales de la discapacidad producida por la enfermedad mental.

La prevención terciaria cobra especial importancia cuando a una persona le han diagnosticado con una enfermedad mental, ya sea en el entorno de su familia, su comunidad o para ella misma. Este diagnóstico produce la obstaculización de sus posibilidades de participación y productividad en la vida comunitaria. Y en el caso de ser internada en un hospital psiquiátrico, se le adjudican de manera de proyección, estereotipos (el comportamiento de “el loco”, “el peligroso”, etc.), que producen en su entorno expectativas sobre su posible retorno a la vida productiva. Estas proyecciones ejercen sobre la conducta del paciente una influencia inhibitoria.

Así cuando el paciente es internado, si su entorno social interrumpe el contacto con él, generalmente se profundizan los recuerdos estereotipados de la conducta que presentaba el sujeto en el momento previo a la internación. Y es aún mayor en los casos en que el paciente ha sido internado en forma involuntaria, ya que este tipo de internación se da generalmente en los casos en que es considerado como “peligroso”, sin dar mayores explicaciones de lo que este término implica.

Cuando el paciente es dado de alta, el estereotipo que recae en él es tan profundo, que las personas de su entorno están expectantes a que repita las conductas que lo llevaron a la internación. Por lo que debe mantenerse la comunicación con la red social del paciente, para que puedan ver y apreciar el proceso de rehabilitación y evaluar más adecuadamente las modificaciones de las conductas del paciente.

Las enfermedades mentales producen un tipo distinto de “discapacidad”, las cuales son particularmente psíquicas y sociales. Por ende a la enfermedad mental se la previene a través de la educación pública y en los casos individuales, la rehabilitación se debe llevar a cabo como parte de un plan global de tratamiento, que tiene su inicio en el momento en el que el paciente llega al hospital y culmina con el alta hospitalaria.

 

 

 

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